jueves, 5 de noviembre de 2015

Fiel.

Venía sin avisar. Todo estaba en calma cuando, de pronto, se le empezaban a arremolinar los nervios en el estómago. Sentía punzadas en la garganta y la respiración, poco a poco, disminuía. Era como zambullirse en una piscina, saltándose la parte en la que emerges a la superficie y puedes llenar tus pulmones con aire fresco. Una nube de sentimientos contradictorios se reunían en su pecho. Millones de espadas la atravesaban de punta a punta. Ella quería llorar y gritar de verdadero dolor, sacarlo todo fuera de si misma y volver a respirar... Pero no podía. Algo se lo impedía, y es que aquella nube no quería irse de su cuerpo. Llegaba el momento en el que se planteaba echarse a si misma de su cuerpo y dejar a la nube sola. Así todos los problemas acabarían, no volvería a sorprenderla y a hacer de sus noches una película de terror. Todo eran ganancias. Llevaba muchos años luchando contra lo mismo de siempre, dejándose las ganas en sacar aquello de su propio ser. Los temblores y los sudores fríos eran constantes. Tras todo esto, el mal pasaba a la cabeza y de ahí era imposible de ahuyentar. Voces aterradoras le susurraban sus peores sospechas, deformaban la realidad de aquella chica a su gusto, como si fuese un teatro de marionetas y ella, la gran estrella de la obra. Podía sentir como unas manos invisibles le atrapaban y le impedían tomar el poco aire que su organismo soportaba en aquellas condiciones. Y poquito a poco, se hundía en un mar de sábanas, lágrimas contenidas y la más profunda oscuridad. Por puro agotamiento, la pobre muchacha solía caer rendida a los brazos de Morfeo... Transcurridas unas largas horas, los ojos se abrían y en su cabeza sólo había preguntas. Estaba completamente desorientada. La pregunta más frecuente y pesada solía ser la terrible duda de quién o qué era ella.

Yo soy ella.
Y ella, se llama ansiedad.
Ella es parte de mi.
Jamás me acostumbraré a ella, pero he aprendido a convivir.
Al final me di cuenta de que convivir con tus problemas es la única solución.



domingo, 23 de agosto de 2015

Long Vows.

Supongo que por una razón o por otra, siento que he perdido parte de mi pasado. Creía que eras un buen árbol en el que apoyarse, bajo este Sol abrasador que es la vida. Pero tenías un trocito de maldad en esa mirada de tosca madera. Poco a poco has ido devorando cada roce, cada recuerdo, cada canción... Y a mí no me ha quedado más remedio que protegerme, resguardarme de mi propio pasado. Después de un largo año he conseguido reunir fuerzas para poder destruir yo misma mi propia historia. No queda ni un capítulo y ahora me pregunto, si todo aquello fue real. Me dijiste que era fría, ahora, soy libre.

lunes, 13 de julio de 2015

«Tenía el alma llena de flores jóvenes»

Hilaba el caminito
con sus ojos de alhelí,
iluminaba la buhardilla
a partir de un:
¡Sí, sí, yo quiero ser feliz!

Cada madrugada,
un terrón de azúcar
caía de su mirada
por no dejarse amar.

Las trenzas de sus pestañas,
me vestían de tul rosa
la sonrisa
y la vida.

En su cuello bailaban lunares,
formando constelaciones...
— Ven y únelos,
verás tu sonrisa —

Era mi principio más bonito,
los primeros acordes,
un suspiro nervioso,
mi más dulce hogar.

En la mesilla,
tres rosas blancas.
Una, su ilusión.
Otra, su corazón.
Y la última, era yo.

El invierno llegó
y las rosas crecieron
enamoradas.

Ojos de alhelí,
sonrisa de tul,
¡Qué bonita eres, tú!

jueves, 2 de julio de 2015

Allá donde crezcan flores.

Hubo un invierno en el que me enamoré de una chica, llevaba el pelo anudado en una goma y tenía las pestañas llenas de sueños sin cumplir. Se llamaba Pauline y le encantaba el olor a café por las mañanas, las flores y observar las estrellas. Cada vez que pululaba por mis sábanas las dejaba repletas de pétalos, y pude perder la cuenta de las veces que me contó que esa, esa estrella de la izquierda, era la Estrella Polar. Me encantaba deshacerla en versos, mientras la observaba cuidar su jardín... Hasta que se marchó.
Fue algo repentino, la busqué sin descanso durante días, hasta que aquel desastroso 30 de julio, la encontré. Sólo me había dejado un último verso, el cual leí con el alma rasgada y miles de estrellas cayendo en picado sobre mi espalda.

«...y allá donde crezcan flores,
te acordarás de mí...
y allí donde brille una estrella,
me echarás de menos.»

martes, 26 de mayo de 2015

"Detrás de la sonrisa pintada"

Déjame.
No te quiero ver más.
No existes.
Nunca has existido.
Jamás.
Fuera.
¡Vete! Te digo que te vayas ya.

Me han convertido en fuego,
se quejaron de mis llamas.
Hicieron de mi cuerpo un iceberg,
luego pedían abrigo.
Cortaron mi piel con sus lenguas,
trataron de curarme con flores.
Las flores se marchitan,
el fuego no.
El hielo se derrite,
las heridas se infectan.

Ya no fingiré que te sigo queriendo a pesar de los años.
Dejaste tu música, tu ropa arrugada en la cama, tu olor en mis alas.
Te echo de menos, fantasma.
Algún día me perdonaré a mi misma y todos podremos ir por nuestro lado.
Te dejaré libre. Me dejaré libre de esta condena que es recordarte.
Vivirás bajo llave en el más profundo de mis abismos.

Pero vete. ¡Te digo que te vayas ya!

martes, 12 de mayo de 2015

Elástica, ella era elástica.

Me gustaba fingir que te había olvidado. Me fascinaba ver cómo todo el mundo, sin ninguna excepción, se creía mis palabras. "Yo ya le he olvidado, no merece la pena quedarse en el pasado"
Pero, ¿por qué el pasado es tan cómodo? El presente me gustaba, pero a veces pinchaba y entonces, el pasado acudía al rescate con sus brazos mullidos. El futuro estaba metido dentro de un castillo al que nadie me dejaba entrar. En el pasado todo era un enorme sueño. Tenía partes muy malas, pero esas las había olvidado de verdad. No, a mí lo que me gustaba del pasado eran ellos, los fantasmas. Había unos cuantos allí y lo mejor de todo es que seguían siendo como cuando estaban vivos. Me encantaba reír con ellos, parecían de verdad. Podía revivir cada recuerdo con cada uno de ellos siempre que quisiera. Vivía feliz de esta forma, no sufría. Hasta que me encontraba con uno de ellos por la calle y recordaba que ellos existían de verdad, y que nada era como en mi pasado. Me ponía nerviosa e intentaba que me vieran mejor que cuando formaba parte de sus vidas. Pero, ¿a quién le importaba eso? Yo tenía un montón de recuerdos con cada uno de ellos, y eso me consolaba. No puedo negarlo, no te he olvidado. Eres mi fantasma favorito porque eres el que más duele. No, no voy a decirlo. Jamás lo pronunciaré en voz alta. Los "te echo de menos" me los guardo para siempre. Las lágrimas no. Las lágrimas son culpa tuya.

sábado, 25 de abril de 2015

"Muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias"

En mi ciudad había muchos sitios bonitos: aceras largas y anchas, que te permitían ver el final del camino y andar a tu paso, zonas verdes repletas de árboles y todo tipo de flores... ¡Y por supuesto que había cafeterías! Había tantas que era imposible escoger una. Un día me propuse conocerlas todas, y eso hice. Yo era una chica muy observadora y uno de mis mayores pasatiempos era contemplar la vida cotidiana de mi alrededor. Por eso buscaba una cafetería que tuviese ventanas, para poder ver a la gente pasar. Me gustaba imaginar cómo eran sus vidas y elaborar un cuento, era muy entretenido. Al tercer día de visitar cafeterías buscando la indicada, encontré una muy bonita que tenía sillones delante de un enorme ventanal. Pedí un café con mucha leche y me senté en uno de ellos dispuesta a elaborar mis cuentos. Se veía el mar y eso me relajaba a la vez que me inspiraba en mis imaginaciones. Pude ver a mucha gente distinta esa tarde, pero hubo una persona que me llamó la atención: un chico joven, de larga melena y ojos brillantes. Se le veía ilusionado con la vida, caminaba seguro de si mismo y a paso ligero. Me sonreí, pero no le di más importancia, era algo habitual quedarme prendada de alguna persona. Siempre hay alguien que te enciende la chispa. Al cuarto día de mi aventura volví a ver pasar al mismo chico, al quinto día me ocurrió lo mismo y al sexto no pude evitar seguirle. Mi curiosidad me llevó a una cafetería preciosa, estaba llena de adornos hechos de madera y plumas, y olía a café recién hecho. Pasé al fondo y me senté. Él estaba sacando cosas de su mochila, con mucho esmero. Pedí el café y me quedé observando el lugar, carecía de ventanas grandes, pero el ambiente era familiar y confortable. ¡Me sentía dentro de una hoguera de abrazos a pesar de estar sola!  Cuando me quise dar cuenta el chico ya había sacado todo de su mochila: Lo que llevaba con tanto amor a la espalda era un cajón de madera y un puñado de baquetas, empezó a tocar y aquello se llenó de gente. Al parecer era habitual que ese chico tocase allí, parecía ser uno más de la familia. Decidí quedarme al concierto y  cuando todo quedó en silencio y volvió a sonar la música country que había cuando entré, crucé la mirada con el músico. Era realmente bueno, era el mejor percusionista que había escuchado. Le sonreí con los ojos brillantes y me marché. Decidí volver al día siguiente, a la misma hora. Y allí estaba. Aunque había algo distinto, esta vez no estaba solo: tenía a su lado a tres chicos de su edad, más o menos, eran una banda y esa noche tocaban todos juntos. Disfruté muchísimo del concierto. Tocaban la música que me gustaba: rock clásico. Tras gritar el último 'give a little bit' les sonreí a los cuatro y me fui. El resto de mis noches las pasé en la misma cafetería, en el mismo sitio y viendo al mismo grupo. Me hice parte de la familia rápidamente y conocí a todo el personal del sitio. Aquello se convirtió en mi ohana más preciado.
Aún me quedaban cafeterías por visitar, pero yo ya había encontrado la mía. No tenía ventanas por las que contar cuentos, pero tenía los ojos brillantes de aquel joven y sus amigos, que contaban la historia por si sola. Ojalá pudiese disfrutar de otro concierto más. El sitio sigue siendo el mismo, la familia también, pero cuando se separaron me quedé sin ventanas por las que mirar y ya nada suena tan 'Sweet Home Alabama'.

jueves, 16 de abril de 2015

Huesos.

Al pensar en ella apretaba los dedos de los pies sin darme cuenta.
Los apretaba tanto, que se me dormían.
Luego costaba moverlos, como le costaba a mi cuerpo dormir sin ella.
Ay, ella. Qué pronombre tan bonito.

Mi niña me veía y se preocupaba, me decía suavemente:
"Mi amor, ¿pero por qué no te relajas?"
Y a mí sólo me salía abrazarla con fuerza, intentar que no me viese llorar y suspirar con dolor.

No podía decirle que hasta los dedos de mis pies querían aferrarse a ella tanto como pudiesen. De tanto que la quería, se me entumecía el alma y luego me costaba volver a mi propio cuerpo.

Me gustaba ser un fantasma entre su pelo y verla dormir.
Me gustaba saber que algún día no muy lejano, estaría de verdad a su lado.

Flores.

Una vez me hablaron de una chica que guardaba una margarita en cada cajetilla de tabaco. Me pareció curioso. ¿Por qué una margarita?

Conseguí conocerla, y una tarde se lo pregunté. Para mi sorpresa me contestó que guardar una margarita en su tabaco le hacía recordar a su novia. Mantenían una relación a distancia.

Pensaréis que eran desgraciadas, pero a pesar de la distancia la chica me aseguró que eran muy felices. La margarita era el símbolo de su pareja y los cigarros eran cada uno un kilómetro. Se iban a ver dentro de poco y mi amiga contaba los días con su vicio. Cambiaba la margarita cada vez que se marchitaba para mantener viva la esperanza.

Me pareció algo muy bonito y muy especial. Y ahora cada vez que veo una margarita no puedo evitar acordarme de aquella pareja, ¿qué habrá sido de ellas? Ojalá que mi amiga haya dejado de fumar. Sería una buena noticia, ¿no?

Nos fuimos (des)haciendo trozo a trozo.

Eres como un cigarro.
A veces quemas y haces daño.
A veces me haces toser con tus estupideces.
A veces me llevas a lo más alto.
Y otras simplemente me relajas.
Pero siempre eres malo para mi salud.

Eres como un espejo.
Antes me hacías sentir bonita.
Tiempo después ni te miraba.
Y hace tiempo empecé a odiarme por tu culpa.
Pero siempre estás reflejando las verdades que tu boca no quiere pronunciar.

¿Eres como unos tacones?
Quizá me hagas daño durante mucho tiempo.
Quizá me hagas ver bonita.
Pero siempre podré quitarte de mi ser y volver a descansar.

No sé lo que eres.
Solo sé que no me gustas.

martes, 14 de abril de 2015

"¡Qué lo sepan!"

Un día me cansé de quererla tanto a escondidas. Pensaba que nunca ocurriría, que siempre me podría contener. Ya había vivido un amor intenso, tan intenso que me dejó hecha cenizas. Volver a tener un amor así y hacerlo público supondría caer de nuevo.

Chismes. Risitas. Insultos. Y demás cosas irritantes. Parece que al ser humano le molesta la felicidad ajena, más si es romántica. Me obligué a callármelo todo sobre ella, ni sonrisas en público ni nombrarla en voz alta. Pero ella llego un día... ¿Sabéis como llegó? Vino llena de flores por el pelo, con aquella camisa que tanto me gustaba. Y nada más.

Ay.

No lo pude contener.

La miré, la cogí de la cintura, aquella que encajaba con mis brazos, y la besé. Salí al balcón sin despegarme de su boca. Hicimos el amor allí, a la luz de la Luna. Y nunca más me volví a esconder, nunca más volví a ocultarla. Porque comprendí que ella era lo mejor que tenía en este mundo, y ese mundo tenía que morirse de envidia por ello.

"¡Qué lo sepan, que lo sepan mi amor, que tú eres mía y yo soy tuya, que este amor nuestro es el mejor!"

lunes, 13 de abril de 2015

''Me dijo que si la quería''

Un día vi a la musa corriendo por el campo.
Parecía sacada de un cuadro clásico.
Me gustaba contemplarla,
con una sonrisa en los labios
y un té a medio tomar.

En realidad era mi musa,
mi única musa.
Pero no me gustaba utilizar posesivos.
Ella era libre como el agua,
etérea como las flores
y por eso no era mía.

Le gustaba venir corriendo a mi regazo,
llenarme de hojas
y de besos.
Se reía... ¡Qué risa!

Por mi parte seguía observándola
ensimismada,
maravillada.
Y entonces ella se dio cuenta.
Vaya, me había visto.

''¿Me quieres?'' preguntó
una y otra vez,
haciéndome reír,
haciéndome caer en la hierba.

Le cogí la mano,
le enseñé un lirio
que había al fondo del claro.
Era un lirio precioso,
azul, blanco y amarillo.
Tenía unas hojas carnosas
y era el único en todo el prado.

''¿Qué es? ¿por qué está solo?
es tan bonito...'' suspiró ella,
entre preguntas infantiles.
Yo me digné a hablar
sin dejar de mirarla.
''Es un lirio, una flor.
Me has preguntado si te quiero''

Me miró interrogante.
Continué la explicación.
''Como ves, está solo en el claro,
Las ninfas del bosque,
los silfos y los animales
lo consideran un símbolo.
Es un símbolo de la belleza
natural, del amor que se respira
en este lugar.
¿Por qué crees que está tan sano y bonito?
Porque es amado y cuidado
por la madre naturaleza.
Mi amor por ti es como ese lirio.
Tú eres mi lirio.''

En realidad, ella no era mía.
Ella era libre.
Pero mi amor hacia ella,
era lo más grande
que ningún bosque
había presenciado jamás.

Me observó en silencio,
vi cómo sus mejillas se sonrojaban,
cómo sus ojos brillaban
y en sus labios se formaba una sonrisa.
Tras entender lo que le dije,
sin dejar atrás su silencio
me abrazó.

Y yo continué amándola, cuidando mi lirio.