sábado, 25 de abril de 2015

"Muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias"

En mi ciudad había muchos sitios bonitos: aceras largas y anchas, que te permitían ver el final del camino y andar a tu paso, zonas verdes repletas de árboles y todo tipo de flores... ¡Y por supuesto que había cafeterías! Había tantas que era imposible escoger una. Un día me propuse conocerlas todas, y eso hice. Yo era una chica muy observadora y uno de mis mayores pasatiempos era contemplar la vida cotidiana de mi alrededor. Por eso buscaba una cafetería que tuviese ventanas, para poder ver a la gente pasar. Me gustaba imaginar cómo eran sus vidas y elaborar un cuento, era muy entretenido. Al tercer día de visitar cafeterías buscando la indicada, encontré una muy bonita que tenía sillones delante de un enorme ventanal. Pedí un café con mucha leche y me senté en uno de ellos dispuesta a elaborar mis cuentos. Se veía el mar y eso me relajaba a la vez que me inspiraba en mis imaginaciones. Pude ver a mucha gente distinta esa tarde, pero hubo una persona que me llamó la atención: un chico joven, de larga melena y ojos brillantes. Se le veía ilusionado con la vida, caminaba seguro de si mismo y a paso ligero. Me sonreí, pero no le di más importancia, era algo habitual quedarme prendada de alguna persona. Siempre hay alguien que te enciende la chispa. Al cuarto día de mi aventura volví a ver pasar al mismo chico, al quinto día me ocurrió lo mismo y al sexto no pude evitar seguirle. Mi curiosidad me llevó a una cafetería preciosa, estaba llena de adornos hechos de madera y plumas, y olía a café recién hecho. Pasé al fondo y me senté. Él estaba sacando cosas de su mochila, con mucho esmero. Pedí el café y me quedé observando el lugar, carecía de ventanas grandes, pero el ambiente era familiar y confortable. ¡Me sentía dentro de una hoguera de abrazos a pesar de estar sola!  Cuando me quise dar cuenta el chico ya había sacado todo de su mochila: Lo que llevaba con tanto amor a la espalda era un cajón de madera y un puñado de baquetas, empezó a tocar y aquello se llenó de gente. Al parecer era habitual que ese chico tocase allí, parecía ser uno más de la familia. Decidí quedarme al concierto y  cuando todo quedó en silencio y volvió a sonar la música country que había cuando entré, crucé la mirada con el músico. Era realmente bueno, era el mejor percusionista que había escuchado. Le sonreí con los ojos brillantes y me marché. Decidí volver al día siguiente, a la misma hora. Y allí estaba. Aunque había algo distinto, esta vez no estaba solo: tenía a su lado a tres chicos de su edad, más o menos, eran una banda y esa noche tocaban todos juntos. Disfruté muchísimo del concierto. Tocaban la música que me gustaba: rock clásico. Tras gritar el último 'give a little bit' les sonreí a los cuatro y me fui. El resto de mis noches las pasé en la misma cafetería, en el mismo sitio y viendo al mismo grupo. Me hice parte de la familia rápidamente y conocí a todo el personal del sitio. Aquello se convirtió en mi ohana más preciado.
Aún me quedaban cafeterías por visitar, pero yo ya había encontrado la mía. No tenía ventanas por las que contar cuentos, pero tenía los ojos brillantes de aquel joven y sus amigos, que contaban la historia por si sola. Ojalá pudiese disfrutar de otro concierto más. El sitio sigue siendo el mismo, la familia también, pero cuando se separaron me quedé sin ventanas por las que mirar y ya nada suena tan 'Sweet Home Alabama'.

jueves, 16 de abril de 2015

Huesos.

Al pensar en ella apretaba los dedos de los pies sin darme cuenta.
Los apretaba tanto, que se me dormían.
Luego costaba moverlos, como le costaba a mi cuerpo dormir sin ella.
Ay, ella. Qué pronombre tan bonito.

Mi niña me veía y se preocupaba, me decía suavemente:
"Mi amor, ¿pero por qué no te relajas?"
Y a mí sólo me salía abrazarla con fuerza, intentar que no me viese llorar y suspirar con dolor.

No podía decirle que hasta los dedos de mis pies querían aferrarse a ella tanto como pudiesen. De tanto que la quería, se me entumecía el alma y luego me costaba volver a mi propio cuerpo.

Me gustaba ser un fantasma entre su pelo y verla dormir.
Me gustaba saber que algún día no muy lejano, estaría de verdad a su lado.

Flores.

Una vez me hablaron de una chica que guardaba una margarita en cada cajetilla de tabaco. Me pareció curioso. ¿Por qué una margarita?

Conseguí conocerla, y una tarde se lo pregunté. Para mi sorpresa me contestó que guardar una margarita en su tabaco le hacía recordar a su novia. Mantenían una relación a distancia.

Pensaréis que eran desgraciadas, pero a pesar de la distancia la chica me aseguró que eran muy felices. La margarita era el símbolo de su pareja y los cigarros eran cada uno un kilómetro. Se iban a ver dentro de poco y mi amiga contaba los días con su vicio. Cambiaba la margarita cada vez que se marchitaba para mantener viva la esperanza.

Me pareció algo muy bonito y muy especial. Y ahora cada vez que veo una margarita no puedo evitar acordarme de aquella pareja, ¿qué habrá sido de ellas? Ojalá que mi amiga haya dejado de fumar. Sería una buena noticia, ¿no?

Nos fuimos (des)haciendo trozo a trozo.

Eres como un cigarro.
A veces quemas y haces daño.
A veces me haces toser con tus estupideces.
A veces me llevas a lo más alto.
Y otras simplemente me relajas.
Pero siempre eres malo para mi salud.

Eres como un espejo.
Antes me hacías sentir bonita.
Tiempo después ni te miraba.
Y hace tiempo empecé a odiarme por tu culpa.
Pero siempre estás reflejando las verdades que tu boca no quiere pronunciar.

¿Eres como unos tacones?
Quizá me hagas daño durante mucho tiempo.
Quizá me hagas ver bonita.
Pero siempre podré quitarte de mi ser y volver a descansar.

No sé lo que eres.
Solo sé que no me gustas.

martes, 14 de abril de 2015

"¡Qué lo sepan!"

Un día me cansé de quererla tanto a escondidas. Pensaba que nunca ocurriría, que siempre me podría contener. Ya había vivido un amor intenso, tan intenso que me dejó hecha cenizas. Volver a tener un amor así y hacerlo público supondría caer de nuevo.

Chismes. Risitas. Insultos. Y demás cosas irritantes. Parece que al ser humano le molesta la felicidad ajena, más si es romántica. Me obligué a callármelo todo sobre ella, ni sonrisas en público ni nombrarla en voz alta. Pero ella llego un día... ¿Sabéis como llegó? Vino llena de flores por el pelo, con aquella camisa que tanto me gustaba. Y nada más.

Ay.

No lo pude contener.

La miré, la cogí de la cintura, aquella que encajaba con mis brazos, y la besé. Salí al balcón sin despegarme de su boca. Hicimos el amor allí, a la luz de la Luna. Y nunca más me volví a esconder, nunca más volví a ocultarla. Porque comprendí que ella era lo mejor que tenía en este mundo, y ese mundo tenía que morirse de envidia por ello.

"¡Qué lo sepan, que lo sepan mi amor, que tú eres mía y yo soy tuya, que este amor nuestro es el mejor!"

lunes, 13 de abril de 2015

''Me dijo que si la quería''

Un día vi a la musa corriendo por el campo.
Parecía sacada de un cuadro clásico.
Me gustaba contemplarla,
con una sonrisa en los labios
y un té a medio tomar.

En realidad era mi musa,
mi única musa.
Pero no me gustaba utilizar posesivos.
Ella era libre como el agua,
etérea como las flores
y por eso no era mía.

Le gustaba venir corriendo a mi regazo,
llenarme de hojas
y de besos.
Se reía... ¡Qué risa!

Por mi parte seguía observándola
ensimismada,
maravillada.
Y entonces ella se dio cuenta.
Vaya, me había visto.

''¿Me quieres?'' preguntó
una y otra vez,
haciéndome reír,
haciéndome caer en la hierba.

Le cogí la mano,
le enseñé un lirio
que había al fondo del claro.
Era un lirio precioso,
azul, blanco y amarillo.
Tenía unas hojas carnosas
y era el único en todo el prado.

''¿Qué es? ¿por qué está solo?
es tan bonito...'' suspiró ella,
entre preguntas infantiles.
Yo me digné a hablar
sin dejar de mirarla.
''Es un lirio, una flor.
Me has preguntado si te quiero''

Me miró interrogante.
Continué la explicación.
''Como ves, está solo en el claro,
Las ninfas del bosque,
los silfos y los animales
lo consideran un símbolo.
Es un símbolo de la belleza
natural, del amor que se respira
en este lugar.
¿Por qué crees que está tan sano y bonito?
Porque es amado y cuidado
por la madre naturaleza.
Mi amor por ti es como ese lirio.
Tú eres mi lirio.''

En realidad, ella no era mía.
Ella era libre.
Pero mi amor hacia ella,
era lo más grande
que ningún bosque
había presenciado jamás.

Me observó en silencio,
vi cómo sus mejillas se sonrojaban,
cómo sus ojos brillaban
y en sus labios se formaba una sonrisa.
Tras entender lo que le dije,
sin dejar atrás su silencio
me abrazó.

Y yo continué amándola, cuidando mi lirio.