lunes, 13 de julio de 2015

«Tenía el alma llena de flores jóvenes»

Hilaba el caminito
con sus ojos de alhelí,
iluminaba la buhardilla
a partir de un:
¡Sí, sí, yo quiero ser feliz!

Cada madrugada,
un terrón de azúcar
caía de su mirada
por no dejarse amar.

Las trenzas de sus pestañas,
me vestían de tul rosa
la sonrisa
y la vida.

En su cuello bailaban lunares,
formando constelaciones...
— Ven y únelos,
verás tu sonrisa —

Era mi principio más bonito,
los primeros acordes,
un suspiro nervioso,
mi más dulce hogar.

En la mesilla,
tres rosas blancas.
Una, su ilusión.
Otra, su corazón.
Y la última, era yo.

El invierno llegó
y las rosas crecieron
enamoradas.

Ojos de alhelí,
sonrisa de tul,
¡Qué bonita eres, tú!

jueves, 2 de julio de 2015

Allá donde crezcan flores.

Hubo un invierno en el que me enamoré de una chica, llevaba el pelo anudado en una goma y tenía las pestañas llenas de sueños sin cumplir. Se llamaba Pauline y le encantaba el olor a café por las mañanas, las flores y observar las estrellas. Cada vez que pululaba por mis sábanas las dejaba repletas de pétalos, y pude perder la cuenta de las veces que me contó que esa, esa estrella de la izquierda, era la Estrella Polar. Me encantaba deshacerla en versos, mientras la observaba cuidar su jardín... Hasta que se marchó.
Fue algo repentino, la busqué sin descanso durante días, hasta que aquel desastroso 30 de julio, la encontré. Sólo me había dejado un último verso, el cual leí con el alma rasgada y miles de estrellas cayendo en picado sobre mi espalda.

«...y allá donde crezcan flores,
te acordarás de mí...
y allí donde brille una estrella,
me echarás de menos.»