sábado, 16 de abril de 2016

Urano y su ira.

Te abriste el pecho con tus propias manos y les dijiste a todos que se fueran de allí. Rompiste los esquemas de todas las personas que calculaban tu próximo movimiento. Dejaste que el tiempo pasara y ahora, caminas por las riberas de tu herida, que sin haberse curado bien sigue sangrando. Ordenaste al mundo entero que te dejase en paz y que se marcharan de tu vida llevándose por delante cualquier recuerdo. Te quemaste intentando encontrar el por qué de todo esto. Y al final cuando todo fue destruido, y solo quedaste tú, llorando sin lágrimas y gritando sin voz, llegó ella. Llegó la luna para salvarte e iluminarte con su luz blanca. Ella te recordó que por mucho que te hirieses y echases a los pequeños habitantes de tu corazón, siempre quedarían como recuerdo las pecas de tus mejillas. Te susurró por última vez que eras el planeta más bello que jamás había girado sobre si mismo tantas veces. Te había visto rodearte de asteroides, tener guerras contigo misma y sucumbir al más extenso vacío. Y para ella, seguías siendo el planeta más precioso del Universo entero. Desde que ella posó sus labios en tu piel, dejaste de tener temperaturas extremas para tener los orgasmos más intensos entre sus piernas. Te deshacías en furia y gemidos bajo sus montañas verdes. Y entonces, comprendiste que jamás nadie te iba a querer como la luna. Urano, qué afortunada eres.

lunes, 11 de abril de 2016

Margaritas.

Le llené de margaritas la melena y algo cambió.

La rebelión de las margaritas en tu melena,
 que no querían ponerse rectas.
(Si yo fuese margarita también me gustaría girarme para poder contemplar tus rasgos.)
No querría más césped que tus ojos.
No querría más tierra que tus lunares.
No querría más agua que la de tus labios.
Y sé que tú me cuidarías como la margarita más especial que hayas tenido en tu pelo jamás.
Crecimos juntas y ahora sé que no me vas a dejar sin pétalos que acariciar con tu rocío.

Abejas.

Pensaba que no me podías hacer más libre,
 y cuando menos me lo esperaba
 me deshiciste el pecho en flores.

 Abriste en canal la coraza
 que yo misma construí protegiéndome de la tormenta.
 Dejé que tus abejas polinizaran mi alma.

Desde entonces no quiero escuchar más que el zumbido de tus alas en mi corazón.
Envuelves en miel mis venas, llenas de color mis pulmones.

Tú la abeja, yo la flor.
La primavera nos juntó
y aquí estamos haciendo el amor.

Vuela vuela,
libre vuela.

Mojaste tus patitas en mi pecho,
 y te llevaste un trocito de mi en ellas.
Por siempre volando juntas.

Constelaciones.

Al mirarla se me caían constelaciones enteras de los ojos de lo bonita que era.
Los astrónomos se me echaban encima porque decían que les estropeaba las cartas astrales.
Pero cómo no llorar estrellas y estrellas si en tus ojos encontré la galaxia más preciosa del Universo.
No se preocupen, que con sus lunares y los míos, hacemos cartas astrales perfectas.
Vente, hagamos el amor,
que escuchen los gemidos hasta en Plutón.
Patinar por tus curvas como si estuviese en los anillos de Saturno.
Ver en tu risa una lluvia de estrellas.
Urano me dicen,
 planeta frío y distante.
 Pero por mi estrella y musa viajaría años luz,
 me quemaría en el intento de besarla otra vez.
Exagerada me llaman.
 Exageradas las galaxias que me enseñó al desnudarla.

Por ti me hago estrella, 
y me quedaría brillando en tus ojos toda la eternidad.