jueves, 9 de junio de 2016

¿Urano se va?

Me cuesta escribir estas líneas.
Me duele escribir estas líneas.

Dicen que las despedidas nunca son a gusto de todos y que siempre se acaba llorando.

Me estaría mintiendo a mí misma si escribo a continuación que Urano se ha ido de verdad. No, la realidad no es esa, Urano sigue aquí. Urano siempre estará aquí. A veces quizá sea la que escriba o a veces será una simple lectora más. Llevaba meses sin encontrarme del todo cómoda en mi propio ambiente, conmigo misma y con todo lo que me rodeaba.
Necesitaba romper con algo en mi vida y procurar que eso no me rompiese a mí en mil trocitos. Y lo hice. Y dolió. Y duele. Pero Urano brilla más azul y se ha llenado de estrellas risueñas que sólo quieren verla crecer.

No, Urano no se va.
A día de hoy, tras romper las ventanas y curar las heridas que dejaron los cristales, la verdadera felicidad me da un largo abrazo. Ha sido un reencuentro mágico, en el que he podido comenzar a conocerme de nuevo, de cero, coger la maleta y salir a explorarme. He aprendido muchísimo de mí misma, y la vida me ha ido mostrando que es ahora o nunca, con todo. He aprendido a no quedarme con las ganas, más bien, he comenzado a no querer quedarme con las ganas de nada.

En anteriores entradas proclamé mi libertad con bandera en mano y sonrisa rota en el rostro. Esa libertad era falsa. Más adelante Urano se quejó de que hacía tiempo que nadie la cuidaba, nada más lejos de la realidad. Pero, ahora mismo, en el más bonito presente que jamás he vivido; Urano es libre, la cuidan y se cuida. La quieren y se quiere.

Dejarse llevar, no suena tan bien como es en realidad. Dejarse llevar, es la solución a todos los obstáculos que nos autoimponemos.

martes, 7 de junio de 2016

Mía.

Tener un amor como en Lolita de Nabokov, destrozar el firmamento con las uñas de los pies y volver a empezar. Construir una cueva de nubes sobre las que volar. Decirte que quiero hacerme el nido en tu pecho, que no me saquen de ahí jamás. Melancolía, tristeza, amargura, añoranza. Cada letra cae como una losa de cemento sobre el papel, y mi rostro se hunde en un mar inmenso. Escribo y me ahogo al mismo tiempo, me creo elástica ante todos vosotros y me declaro mía. Acordes de piano que acompañan una noche más en las estrellas. Y desde aquí, desde el azul Urano, te observo. Sigues teniendo la misma rutina que cuando solíamos hablar día y noche. Sigues sonriendo igual y parece que no te importa que me haya marchado. Me diste alas esperando que me quedase contigo para siempre, y ahora le doy uso a estas emplumadas amigas para volar lejos de ti. Hace unos años hubiera deseado que ardieses hasta desaparecer tú. Pero ahora me voy yo. Lejos. Muy lejos. Urano siempre estuvo a años luz de ti y siempre lo supiste.