domingo, 31 de julio de 2016

Dulce introducción al caos.

Si pudiera sacarte de mi mente un sólo segundo, descansaría toda una eternidad.
Cansada de buscarte, de negarte, de romperte y quemarte.

Harta de decirme a mí misma mentiras, justificar lo imposible por no llorar.

¿Por qué no vuelves? No quiero que vuelvas.
¿Por qué no me hablas? Quiero que me olvides.

Necesito respirar, salir y volar. Reinventarme sin ti.
Destruir un nosotras que es imposible que funcione ya.

Cúrame las heridas, tiempo, cúrame.
Dile que jamás la volveré a amar tanto, que jamás me dejaré atrás por ella, y dile,
que mis ojos la echan de menos a pesar de que mi boca diga lo contrario.
Dile, que hay un haz de luz que me acompaña desde que se fue y me dejó aquí sola.
Dile, que jamás la olvidaré.
Pero, por favor, no te olvides de decirle que esta amapola marchita necesita volver a florecer sola, sacar la rabia y chillar.

He quemado el libro.

Gata.

Dicen que los ojos de gata enamoran de una forma distinta a la de los demás. Por lo general, suelen tener la pupila más afilada y el rango de colores de su iris es muchísimo más amplio. Pueden ir desde el gris más frío al amarillo más meloso. Pueden tener los ojos de una forma más redonda, más almendrada o incluso rasgados. Sólo me he cruzado con una mirada así en lo que llevo vivido, y os aseguro que eran (y son) los ojos de gata más afilados del mundo. No eran (ni son) grises o amarillos, eran (y son) de un verde profundo. El color es importante, pero con ella aprendí que aún más importante es lo que se llega a reflejar en la mirada. Pensaréis que es una tontería, ya que hay ojos tan cristalinos que reflejan hasta la más mínima mota de polvo, pero no. Las miradas son algo más profundo. No todas las cosas se reflejan igual en nuestros ojos ni con la misma frecuencia. Al igual que un espejo va a reflejar lo que tu mente quiera ver (hasta cierto punto), los ojos igual. Me vi reflejada en esos ojos de gata durante muchos años. Viví momentos increíbles a través de su verde, incluso pude contemplar cómo se llenaban de lágrimas de alegría al cruzarse con mis ojos. Mi mirada  no tiene nada de especial, ni siquiera tiene un color bonito con el que contar historias. Pero han visto sonreír a los ojos de gata más profundos de este mundo.

Reflejar.