domingo, 29 de enero de 2017

Relaciones. Lazos. Conexiones.

"Tú me regalas todos tus días
Yo me acostumbro a tus caricias
Gastas tu vida junto a la mía
Yo me aprovecho de tu mediodía" Tu mediodía, Depedro.

Son algo complicado de explicar, y algunas veces de sobrellevar. La mayoría de la gente te dirá que hay relaciones malas y buenas. Pero esa es una clasificación muy pequeña. Hay relaciones de muchos tipos: amorosa, amistosa, a distancia, abierta, cerrada, sexual, de trabajo, forzada, cordial, fría, difícil, fácil, perfecta, enriquecedora, tóxica... En todas ellas existe un vínculo entre dos o más personas. Bien, teniendo esto claro, es obvio que todos tenemos relaciones en nuestra vida porque en eso se basa la sociedad. Al igual que nuestros pensamientos o acciones individuales, las relaciones externas e internas también marcan nuestra forma de ser o ver la vida. Desde mi experiencia — la cual es poca porque soy muy joven y creo que las personas no dejarán de sorprenderme nunca — he aprendido que es muy importante ser realistas con las relaciones que tenemos (y con las que dejamos) No todas son buenas para nosotros mismos o para el resto de personas que están involucradas en dichos lazos. Esto puede ser por diversos motivos: la otra persona no busca lo mismo que nosotros, no estamos en el mismo lugar de la relación, no es el momento... A pesar de estos infinitos factores que determinan la longevidad de una relación, es esencial ser sincero con uno mismo y no estancarse en ningún lazo que no nos aporte nada positivo.

He de reconocerlo, la mayoría de mis relaciones no han sido ni son perfectas. Pero poco a poco me he dado cuenta de que he conseguido tener el tipo de relación indicada con cada persona que forma parte de mi vida. El budismo me enseñó que el apego es lo que más nos hace sufrir. Forzar las cosas, intentar mantener a una persona en nuestra vida cuando no es ése su camino, provoca mucho dolor (y a largo plazo la mayoría de las veces) Si alguien llega a tu vida, déjale ir, salir a su antojo, abre ventanas, puertas, todo. Si vuelve, es que realmente merece estar en tu rutina y formar parte de tu corazón. No es algo fácil de conseguir, pero es más difícil llevar una vida llena de relaciones muertas.

lunes, 23 de enero de 2017

Tic-tac.

En noches como éstas,
en las que no estás
porque el cansancio te llena
y Morfeo te llama,
es cuando más te echo en falta.

Me gustaría sentarme,
buscar mi sitio,
en el alféizar de tu ventana
y verte dormir.

A pesar de las vistas,
de la altura,
de tener todo el firmamento ahí,
sólo querría velar
por el sueño de mi estrella.

Querría acariciarla con mi mirada,
sin despertarla
ni alterar su paz,
sin que supiera que estoy ahí.

Cierro mis ojos y puedo,
no sin dolor,
sentir sus manos por mi rostro
en busca de alguna lágrima que secar.

Ha cambiado mi percepción del tiempo,
los minutos no se deslizan igual,
se me ha roto la esfera
y me he clavado las agujas.

Mis números se han caído
— culpa de mi estrella —
todo se me ha parado.
Y aquí estoy otra noche más.

Con las agujas clavadas
hasta lo más profundo
de mis engranajes.
Intento que funcionen.

viernes, 20 de enero de 2017

jueves, 19 de enero de 2017

Skinny love.

No sé si me están creciendo flores en la piel o si me están saliendo alas en los pies.

Tantas cosas que quiero decirte,
tantas metáforas que me inspiran tus caricias.

Demasiadas palabras que deletrearía con cariño, con suavidad...

Quiero dejar que florezca todo,
aunque llueva,
porque no quiero ahogarme con mis propios susurros.

miércoles, 18 de enero de 2017

Mariposa.

Ella volaba con alas de mariposa,
delicada,
suave.
Posándose con timidez en las hojas bañadas de rocío,
resbalando entre las gotas
y jugando con las flores.
Le gustaba bailar con los rayos del Sol.
No sé, era arte verla volar.
Siempre venía a resguardarse en mi jardín,
a acariciarme las mejillas con las antenas y a contarme cuánto había volado aquella vez...
Y un día escuché cómo le rompían el corazón,
cómo se le partían las antenas
y sus ojos dejaban de reflejar la primavera.
Empezó a volar rápido,
consumida por el dolor.
Picaba como una avispa al que se le acercase,
— y yo no iba a ser menos —
Fui su última víctima.
No puedo describiros lo que me dolió verla inmóvil, rota,
inerte en mis propias manos.
Desapareció como si fuese polvo,
como si el viento llevase las riendas ahora.
Un sólo aleteo de mi mariposa podía derribar ciudades enteras.
Pero no era mi mariposa. 

 

domingo, 15 de enero de 2017

Dust lane. (Entrada rescatada)



Cuando me dijiste que no te gustaba que te arañasen la espalda con las uñas mientras tenías sexo, lo comprendí todo. Hace mucho que no escribo sobre ti — pensé que al volver a estar en mi vida no tendría por qué hacerlo —  pero aún no se me han acabado las letras. Comprendí que hay momentos en los que es mejor no sacar las uñas, en los que es mejor arañar con la mirada y la piel. Comprendí que desnudarse no es precisamente eso si tú misma no lo permites. Comprendí que más allá de lo físico, añoraba muchas cosas de tu compañía. Pero tengo miedo de que al volver a escribirte te quedes atrapado en mi pluma y vuelvas a irte. Siento que se me acaban las palabras porque ahora prefiero escucharte que escribirte. También he comprendido que si las palabras sobran es una buena señal, pero en cambio, las miradas no se pueden controlar. No me puedo esconder. Antes escribirte era más fácil, ahora no sé qué decir ni qué pensar.
¿Si te enamoras del fantasma, te conviertes en uno tú también?
Hacía mucho que no te escribía.

jueves, 12 de enero de 2017

Esquirlas.

El alma se parte en tres esquirlas cuando te das la vuelta.
El alma te llama a gritos en canciones desesperadamente tristes.
El alma baila en tus hilos de araña con los pies fríos.
El alma te suplica que no apagues la luz.
Que contigo es todo más fácil,
que sin ti llueve.
Pero llueve dentro, diluvia, se rompen los muros, la tormenta no cesa nunca.
El alma no quiere que te ahogues,
quiere que nades.
Y quizá algún día el agua deje de brotar de sus pulmones y la herida sane.
Mientras tanto el alma continúa llena de tiritas viejas y sucias.

Todo es nada
cuando te das cuenta
de que el frío también quema.

Detalles.



Siempre suelo fijarme en todos los detalles de lo que me rodea, hasta aprenderme cada objeto de memoria. Me gusta hacerlo cuando nadie se da cuenta, cuando nadie me mira y puedo ser todo lo observadora que quiero. Si estoy en un sitio nuevo, me sale serlo mil veces más. La verdad es que podría pasarme días enteros hilando historias en mi cabeza con esos detalles de los que nadie se da cuenta. Por eso me gusta tanto salir sola y descubrir nuevos rincones, nuevas historias. No hablo de viajar, no hablo de cogerme ningún avión y recorrerme el mundo. No, he aprendido que aunque haya nacido en una ciudad pequeña y haya andado por ella muchísimas veces, siempre me van a quedar detalles que descubrir.
(Aunque a veces necesitas que venga alguien y te lleve directamente a esos sitios a los que jamás irías sola)

En realidad, esto no acaba ahí. Me fijo muchísimo en mi entorno, pero también me quedo con cada detalle de las personas que pasan por mi vida, y en los detalles que yo misma llevé puestos cada momento. Puede sonar muy bonito y muy especial, puede sonar a que vivo tanto los momentos que los guardo exactamente como fueron en mi mente para siempre. Pero en realidad es muy doloroso, muy muy doloroso. Cuando empiezas a echar de menos, terminas echando de más, te hundes en detalles, en qué vestido llevabas aquel día de verano y en cómo te besó en el garaje. Cuando te pones a contarle recuerdos a los demás, siempre se sorprenden de que te acuerdes de la fecha exacta y de pequeños detalles que para ti diferencian un día de otro. Es cierto, me acuerdo de todas mis fechas importantes. Me sé las malas y me sé las buenas, las que duelen y las que florecen.

Sí, me acuerdo del vestido que llevé por primera vez a tu casa, que te gustó tanto que no podías dejar de mirarme y ni siquiera me lo quitaste. Recuerdo el olor de tu ropa, de tu pelo, de todo el ambiente.. nunca pensé que me iba a gustar tanto el olor de un suavizante ni que no echaría de menos una marca de colonia a la que recurrir. También me acuerdo del gesto que hacía para apartarse el pelo de la cara, y como se hundía en sus recuerdos con un par de palabras. Todos los sitios que me enseñó en mi propia ciudad, y todas las ganas de llegar a casa que sabía quitarme. ¿Y sabéis que es lo mejor? Que era y es mi salvador, aunque él no lo sepa. Me ha enseñado más que muchas personas que dicen ser mi familia y me he sentido protegida incluso cuando no podía vernos. Pienso mucho en él y en cómo me abrazó y llenó de besos la última noche que le vi. Pienso en lo cómoda que estaba con él y en su risa. Pero también pienso en sus ganas de comerse el mundo cuando la música le envuelve y hace planes con sus amigos de siempre. A él sí que lo echo en falta cuando no me llena de canciones. Tengo mucho que agradecerle, sin él no habría podido echar a volar delante de todos vosotros, en mi calle favorita, con mi gente favorita. A veces le echo en falta, y me acuerdo de cómo me miraba, y me arrepiento de no haberle besado más. Creamos nuestra propia rutina para que cada vez que nos veamos, todo sea igual de especial que siempre. Con él tengo muchos muchos recuerdos, pero estos no los tengo en un baúl, los tengo en un sitio real lleno de árboles y aventuras. Pero es que aún no os he dicho que quien más ha creído en mí y más sonrisas me ha sacado ha sido él. A veces viene los sábados y nos trae el desayuno. Madruga y coge el coche sólo para venir a vernos sonreír con un café caliente y mucha hambre de otro verano tan bonito.

No sé si existe alguien en el mundo que le de tanta importancia a mis propios detalles como yo se la doy a los de todos vosotros.. pero no lo tengo en cuenta, a mi esto me sale solo porque es mi forma de ser desde que soy realmente feliz. Creo que esa es mi definición de felicidad, porque aunque esté muy cansada o haya tenido un mal día, se buscar esos detalles del mundo que me rodea que me hacen sonreír y seguir adelante. Por todo esto cuando os decís en voz alta que no valéis para nada y que no tenéis nada especial, algo en mí se rompe. Todos tenemos algo especial, todo tiene algo especial.. lo que hace verdaderamente falta es un par de ojos que dejen de ver y empiecen a mirar. Tengo mucho que agradecer cada día, y mucho por lo que seguir.

Si me seguís llenando las alas de estrellas y colores, jamás querré dejar de volar.

Échame de menos.



Es irónico que cuando más nos damos cuenta de las cosas es cuando las decimos en voz alta. Digo que es irónico porque yo no he dejado de escribirte, al igual que tampoco he dejado de intentar encontrar la forma de decirte todo lo que llevo guardando dos años. Dudo que cuando escribo leas más allá del título. Dudo porque tengo tanto miedo que prefiero no pensar en nada. No sé si tú también tienes miedo, tus gestos me confunden. Hoy ha sido distinto, no todo, si no la despedida. Sinceramente pienso que en las despedidas es cuando todo se ve más claro. Yo también he estado distinta. Hace mucho que me siento distinta e intentar decírtelo con la mirada me quita toda la energía. No sales de mi cabeza. Pensaba que no salías de ella desde hacía unas semanas, pero he descubierto que estás acurrucado ahí desde hace mucho más tiempo. Quizá muchísimo, pero no el suficiente para dejar de querer que sigas ahí.

No quiero que las cosas queden así, tan sólo quiero tener el valor de desnudarme delante de ti de una forma que no he podido hacer nunca. Sin embargo, sigue siendo la historia más bonita que he vivido con alguien. Quizá me respondas que todo lo tengo demasiado adornado, y seguramente sea así… Me cuesta no adornar algo que se merece que me fije en cada detalle. Necesito que me guíes hasta la tranquilidad que sentía hace tiempo, a la facilidad para respirar, al descanso mental.

Urano bailarina.

Quizá si me quemo la lengua con el café, consiga no decirte todas las estrellas que se me caen de los labios cuando te pienso. Quizá si pestañeo muy rápido logre retener los cometas que quieren entrar en tu atmósfera sin ser vistos. Quizá si mantengo mis manos frías pueda aguantarme las ganas de hacer que ardas en mis cráteres. Quizá si renuncio a brillar...


Hace frío.


Las coincidencias y el destino nunca significaron nada para mí. Metida en el agujero negro de esta pequeña galaxia, el concepto de ilusión me queda un poco lejos. Cansada de astronautas que no eran capaces de verme, una noche decidí salir. Comencé a bailar con mi propio planeta y sus asteroides cada noche. Empecé a brillar. Y cuando ya me había dado a conocer me fui.


Me estoy quemando.


He estado fuera mucho tiempo. No es fácil escribir. Las letras ya no me quieren como antes. Se me han caído las garras y ya no puedo rasgar el firmamento como antes. Se me ha olvidado el tacto de la noche en mis pies. He desplegado mis alas y esta vez no eran estrellas lo que buscaban mis ojos. Ya no soy dueña de mis luces y eso sólo hace que tenga ganas de gritar.


Desaparezco.


Urano se está convirtiendo en un satélite.
Urano ya no baila sola.

jueves, 5 de enero de 2017

Alitas, todo fue un mal sueño.

Se me han partido las alas... ¿triste, verdad? Seguir con ellas en la espalda, pero no poder utilizarlas. Sé que lo mejor que podría hacer ahora es arrancarlas. Sacarlas de mi piel y dejarlas en cualquier otro sitio, de adorno quizá. Debería de haberlo hecho, porque mis propias plumas se están clavando en mi espalda. ¿Pararán algún día o seguirán su camino hasta llenarme por completo? Entonces no sería un ángel caído, sería una almohada. Serviría para almacenar los sueños de otras personas con las plumas que quería utilizar para cumplir los míos. Todo el día echada, de un lado para otro de la cama. Me aprendería olores de memoria y seguro que me llenarían de lágrimas y maquillaje. Pero mirándolo de otra forma, siempre tendría alguien que me abrazase. Incluso yo misma serviría de consuelo y abrazo muchas veces.

Pero es mejor que no dejéis que os rompan las alas. Y si algún día ocurre, por favor, arrancadlas de vuestra espalda. Dejad que la sangre fluya, sentid la brisa en vuestra piel desnuda... Unas nuevas os irán creciendo. Pero jamás dejéis que unas alas rotas os pudran los huesos y la mirada, os quiten las ganas de volar que solíais tener. Limpiad vuestras plumas siempre que podáis y aletead todo lo fuerte que queráis, porque el cielo es vuestro. Cada día saldrá el sol para arroparos y así no os sentiréis solos. Nunca dejéis de volar.