lunes, 27 de marzo de 2017

Agárrate.

Agárrate, que vienen curvas.
No, no son las de mi cintura
que ya te sabes de memoria.
No, tampoco es mi sonrisa
que tanto provocas.
No, ni siquiera es la curva de mis talones
que ya compartes.

Son las curvas de mi alma,
de mis estrellas muertas,
de todo lo que no saco.

Son las curvas de mis anillos de Saturno
por los que te gustará patinar.
Ya has sobrevivido a mis asteroides,
agárrate un poquito más.

Son las curvas de mi esencia
y de mi ser
— de todo lo que no te dije ni diré —
de las ganas
y los bailes que no completamos.

Agárrate, que vienen curvas.

domingo, 19 de marzo de 2017

Cuando no existes pero brillas.

Es demasiado raro pensar en mí misma como alguien que no existe. Como alguien a quien no le pones cara ni nombre, porque no es real. Hay personas para las que yo misma no quiero existir, pero la vida es tan retorcida que habrá veces en las que tengas que desaparecer sí o sí. 
¿Pero qué pasa si alguien te quiere ver tanto, que acabas brillando tanto como un faro? Y te sientes observada, no sólo por él. Pero te gusta tanto guiarle que cada vez brillas más, para que él sonría y llegue sano y salvo a casa — donde resida el sentimiento de hogar — y tú puedas apagarte y descansar para tener fuerzas para el día siguiente. 
Entonces, si ocurre esto, te costará tanto no existir que desearías haber existido siempre. Por el simple hecho de que la felicidad es lo más difícil de esconder, porque es lo que más brilla. 

Tristeza II (porque ya existe el I)



Ha vuelto a ocurrir, me han vuelto a hacer uno de los mejores regalos que le pueden hacer a una escritora. Esta vez no es que me hayan escrito un poema, es que mi anterior entrada ha inspirado tanto a un poeta, que él mismo ha escrito la que podría ser la segunda parte de mis líneas. Os dejo aquí lo que mis palabras consiguieron inspirarle.

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Me doy la vuelta y tropiezo con ella, estoy en ese impás entre el sueño y la vigilia pero estoy seguro. Anoche no estaba. Estoy completamente seguro de que me fui solo a la cama. Muchas veces me lo hace. Me despierto y la tengo ahí, a mi lado. A veces mirándome fijamente, otras dándome la espalda con desgana. Hoy al volverme me daba la espalda. Toca indiferencia. Indiferencia total por parte de Tristeza.

Me levanto con sigilo. Desde el baño ya oigo 'Creep' de Radiohead. Tristeza sabe que me pone triste esa canción. Me pongo triste con una sonrisa.

Cuando salgo Tristeza ya está desayunando. El café que me quedaba, la única rebanada de pan de sandwich que me quedaba y el resto del único tarro de mermelada de naranja amarga que me quedaba. Veo a Tristeza disfrutar de todo eso sentada en mi sitio. En el rinconcito del salón con vistas a la calle. Tristeza mira distraida a la gente pasar mientras extiende con precisión la mermelada de naranja amarga. Mete el cuchillo de punta roma por enésima vez en el tarro de cristal y lo hace girar en el aire. Tristeza tiene automatizado este gesto para recuperar en la punta roma del cuchillo los últimos restos de mermelada de naranja amarga. El tarro queda prácicamente como salido de fábrica. De la de vidrio, no de la de alimentación.

Aunque me cuesta reconocerlo, me gusta despertar, darme la vuelta en la cama y descubrir a Tristeza dándome la espalda pensativa.

A veces llego antes que ella al equipo y pongo 'Creep' mientras Tristeza se despereza en la cama.

Esos días desayuno café con leche, rebanada de sandwich tostado y mermelada de naranja amarga, sentado en el rinconcito del salón con vistas, mirando distraídamente a la gente pasar por la calle.

Cuando Tristeza por fín se levanta y entra en el salón me mira y sonríe.


Mariano J. Sánchez
Gijón
18-marzo-2017

martes, 14 de marzo de 2017

Tristeza.

Esta mañana me he levantado con la tristeza de la cama. Nos hemos estirado, quitado las legañas y hemos ido a hacernos el desayuno. Ella ha preferido el café muy cargado, dice que tiene mucho trabajo hoy en día. Yo he tomado un simple té, porque la verdad, me ha dejado sin posibilidad de escoger otra cosa. He limpiado la casa muy despacio, a tristeza le gusta entorpecerme en mis quehaceres y siempre consigue hacerme sentir inútil, parece que a ella le sale todo a pedir de boca. Cuando ha llegado el momento de ducharnos, nos hemos deshecho el moño juntas. He querido sonreírme en el espejo, pero mis ojeras no me dejaban. Tristeza soltó una carcajada que retumbó por toda la casa.

– ¡Todo esto es culpa tuya! - chillé - Quiero que te marches para siempre.
— ¿Y dejarte dormir sola? No es tan simple.

"No es tan simple"
Sus palabras resonaron en mi cabeza una y otra vez. Y tomé una decisión. Entramos en la ducha juntas y la ahogué. ¿A ella o a mí? Quién sabe, pero tristeza no volvió a reír.

domingo, 5 de marzo de 2017

Osa Menor.

No soy de este planeta,
creo que lo sabes bien.
Me río a destiempo y de todo.
Siempre tengo las manos frías
— como los pies —
y bostezo mucho.

Le pongo banda sonora a cualquier recuerdo
y me gusta hundirme en mí misma.
Reflejo más de lo que quiero decir
y por dramas que no sea.

A pesar de mis manías y mi desorden
lo que te llevo a afirmar que,
definitivamente y sin lugar a dudas no era de aquí,
fue que observaba las estrellas.
Y por eso era especial.

Sí, es cierto, amo mirar al cielo
y encontrar miles de astros brillando,
saberme de memoria constelaciones
e inspirarme con ellas.

Lo que tú no sabías es que llevas mi constelación favorita en tu espalda.
Quizá ya te lo habían dicho,
quizá otros ojos ya se habían percatado
de que tus lunares forman la Osa Menor,
quizá ya habían jugado a unirlos con besos.
Pero la llevas.

Entonces, llegados a este punto,
¿entiendes que también eres especial?
A veces incluso dudo de dónde vienes.

Sin querer me has hecho el mejor regalo,
poder acariciar una constelación.
Y sé que sonreirás al leerme,
al escucharme en tu mente.
Siempre has sido especial.

Como te digo,
en realidad yo no soy poeta,
soy musa y juego a escribirte versos especiales y espaciales,
sobre el antes y el después de mi pequeña estrella.

Y tú también juegas
— aunque no lo admitas —
porque en realidad no eres una estrella fugaz, ni un planeta, ni una constelación.
Eres El Principito de mi cuento.

Y quizá yo sea el zorro que te guía y te enseña lo que de verdad significa "estar ahí".
O quizá sea la rosa que llora tu ausencia
y espera orgullosa tus cumplidos.

No lo sé, pero me gusta que juguemos y brillemos juntos.
Me gusta revolver tu pelo,
hacerte sonreír como un niño pequeño
y decirte con mis ojos que te quiero.

Me gusta cuando te enfadas
por cuestiones que no entiendes,
por preguntas sin contestar.
Detestas que no te den respuesta.
Y siempre, siempre, te sales con la tuya.

No llevas capa,
ni espada,
pero sabes reír.
Y en el eco de tus carcajadas puedo acurrucarme como solía hacer en mi planeta.

Porque es cierto, no soy de aquí.
No pensé que tan lejos de mi hogar
encontrase a alguien que me quitase las ganas de volver.

¿Sabes, Principito?
Quizá los dos somos tan especiales que juntos, somos espaciales.
Y en el espacio que hay entre los dos brillan mil estrellas.

He perdido la cuenta de las veces
en las que ya sé lo que me vas a decir
— aunque llevemos sin hablar horas —
sé cuando es que si,
y cuando es que no.

Aún así siempre te las arreglas para sorprenderme.
¿Será tu constelación la que te ayuda?
No sé, pero no quiero volver a mi planeta.

Principito, seguiré llamándote "estrellita"
pero recuerda que realmente
el firmamento es tuyo,
y yo soy sólo una chica que observa las estrellas y escribe poemas
intentando contarle al mundo cuanto brillas.

Tras leer esto sé que sonreirá
— quizá se emocione, aunque eso es más difícil —
y no es que se me hayan subido a la cabeza los versos y las metáforas,
es que conozco mejor a mi Principito de lo que él cree.

Le encanta meterse en mi mente
y sacarme las estrellas que quiero darle,
pero no le gusta que hagan lo mismo con él.

No me creía capaz de hacerlo
pero después de observarle tanto,
he terminado sabiendo cómo brilla cuando me lee
— aunque nunca he estado a su lado mientras me lee, lo sé —

Lo que puedo decir en mi defensa es que
ni yo misma sospeché que brillaría tanto al escribirle.

Sonríe como el niño que aún eres,
Principito,
yo seguiré escribiendo poemas
gracias a tus estrellas.