miércoles, 5 de julio de 2017

Urano aprende a brillar.

A Alitas le encantaba volar con las estrellas. Sus alas eran enormes, cada pluma blanca parecía una obra de arte. Solía salir todas las noches, revolotear por los tejados y finalmente, alzar el vuelo en busca de sus compañeras. Batía las alas con fuerza y decisión, sintiéndose libre y ligera.

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A Urano le encantaba mirarse en los ojos de los demás. Buscaba miradas en las que bucear, aunque rara vez se sentía comprendida. Vestía lencería negra, de esa que parece tejida con todo el tiempo del mundo. Esa era su forma de libertad. Entre ligueros y corsés pasaba las noches, zambulléndose en cientos de miradas nuevas.

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Una noche, las dos se encontraron.
Urano sólo necesitaba un poco de aire fresco después de otra ronda de miradas en las que no se conseguía ver. Alitas había parado en el tejado del bar a peinarse una pluma que no se decidía entre ponerse derecha o caerse. Y sí, como todxs habréis pensado, esta pluma fue a caer en el pelo de Urano. La joven nocturna miró hacia el cielo molesta y se encontró con dos ojos grandes y cristalinos que la observaban con timidez y respeto.

• ¡Oye! ¿Qué haces ahí arriba tirando basura?
× ¿Basura? ¡Si sólo se me ha caído una pluma de mis alas, ni que no me doliese más a mí!
• Espera... ¿Alas?
—En este momento Alitas descendió para recuperar su pluma y encararse a la chiflada que se había atrevido a insultarla—
× Sí, creo que se ven. Son grandes, ¿eh? No sé cómo vivís los de aquí abajo, la verdad...
• Pues desde luego, de una forma más correcta que tú. Ya me dirás qué haces volando por ahí todo el tiempo, sin ningún sitio al que llamar casa.
× Perdona, no sabía que vivir así, intentando buscarte en los demás fuese mejor. Al menos yo no estoy atada y no se me rompen las medias porque ahí arriba no las necesito.
• ¿Cómo sabes tú eso? Es la primera vez que te veo.
× Quizá, pero no la primera vez que me sientes. Cada noche cuando sales aquí a fumar y a colocarte las bragas sueñas con salir corriendo. Porque esto no es lo tuyo. No te hace feliz y nunca lo hará, me temo. Yo también era como tú, ¿sabes? Pero me di cuenta de que si no escapaba yo, nadie más me iba a enseñar el camino hacia la salida. Y ya ves, me crecieron alas de tanto mirar al cielo, justo como haces tú.
—Urano se había quedado sin habla, hacía mucho tiempo que buscaba sentirse así de comprendida... Y comenzó a llorar—
• Pero... Entonces... Yo... A mí me gustaría salir volando de aquí también. Pero... No tengo alas como tú, sólo la pluma que se te ha caído.
× Cariño, volar no es tan difícil, no te hacen falta alas. Puedo llevarte yo, si me dejas, hasta te presento a mi familia. Aunque no lo creas sí que tengo casa. Y es enorme.

Así fue como Urano tomó la mano de Alitas, y juntas se fueron volando lejos... Para no volver jamás.

He oído que todas las estrellas la recibieron con inmensa alegría y que poco a poco, a Urano también le crecieron alas. Eran negras, con reflejos azules y violetas, pero volaba tan alto que sólo eran un punto brillante más en el inmenso cielo. Las dos jóvenes se enamoraron, entre ellas, de ellas y del firmamento. Es por eso por lo que las estrellas brillan tanto, por lo que al mirarlas te sientes pequeñx pero libre, infinitamente libre...

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