lunes, 3 de julio de 2017

Claveles.

Ya no lloro, ya no grito, ya no digo que tengo miedo. Pero por mis ojos se escapan dos manitas que tiemblan pidiendo ayuda, de mi pecho sólo crecen claveles ya marchitos. No sé cómo expresarme, ni en qué idioma, ni qué palabras utilizar. Mi cuerpo siente frío cuando no lo abrazan aunque ahí fuera sea verano y brille el Sol. Diría que esas manitas que piden auxilio son las de Tristeza queriendo llamar una vez más mi atención, pero... Con los meses he descubierto que su familia es extensa y peligrosamente acogedora. Todas sus hermanas y primas están fuertemente romantizadas por la sociedad, dato que ni ayuda a huir de ellas ni a entender que son amigas de todxs. No son la mejor compañía, eso es cierto, pero estar sola no es algo que me guste ahora mismo. Hay veces en las que desearía romper el espejo, sólo para que esa chica triste deje de observarme y de recordarme que estoy completamente perdida. Ahora me río de todos esos problemas pasados que tuve y que me dieron un dolor de cabeza para nada merecido: eran tonterías, no eran problemas.

 Quiero volver a caminar por la cuerda floja y reir sin miedo a caerme, quiero jugar a saltar las olas sin temer ahogarme, quiero decirle a la chica del espejo que todo irá bien y creérmelo. También me gustaría volver a sentirme dueña de mi cuerpo y de mis acciones. QUIERO EXPRESARME Y GRITARLE AL MUNDO QUE NO ESTOY BIEN. Pero no así... porque no quiero asustarme. ¿De qué? ¿de la realidad? Supongo, en mi mente no es bonita. No han dejado de decirme que transmito calor, paz, calma, que se sienten bien a mi lado. Yo no puedo parar de preguntarme por qué sienten todo eso conmigo, si aquí dentro nunca hay silencio. ¿Eso quiere decir que soy fuerte? Supongo que sí, porque si no fuese así estaría envenenando a todo el mundo. Y eso es lo último que quiero. Si antes de que Tristeza y su familia me adoptasen no odiaba a nadie, ahora mucho menos. No me gustaría que nadie sufriese lo que estoy sufriendo... Aunque desgraciadamente es algo bastante común. 
No hace mucho unx de mis lectorxs me dijo que le gustaba la gente que se expresaba, que era artística, que sentía de verdad. En ese momento sólo pude pensar con amargura que en lo que a mí respecta, más bien me abría en canal para expresarme. Creo que es un término muy adecuado para resumir lo que me pasó. Me abrieron en canal de la cabeza a los pies y no dejaron nada sin destrozar; ni cuerpo... Ni alma. Nadie se merece eso. Pero mucho menos nadie debe tomar el albergue de Tristeza y co. como algo definitivo. Tampoco hay que tener prisa, puesto que las mudanzas llevan su tiempo y no debemos olvidarnos nada (ellas no se olvidan de nadie nunca...) Toda herida se puede curar y con el tiempo cicatrizará. Partiendo de la base de que estamos perdidxs, sólo hay que caminar hacia adelante de nuevo, tenemos todas las direcciones disponibles. 


Siempre habrá una estrella que brille por ti,
a la que podrás cuidar 
mientras ella te cuida a ti.
Siempre habrá un lazo que importe más que tu herida. 


 

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